21.7.10

HOMENAJE AL CINEASTA CHILENO RAÚL RUIZ - CRÓNICA DE FRANCISCO VÉJAR





















  
Raúl Ruiz
De Chiloé a París

* 

Por Francisco Véjar, exclusivo para LE CHAT QUI PECHE del libro crónicas LOS INESPERADOS, Tajamar Editores, Santiago de Chile, 2010. Arte: Leo Lobos. Un homenaje a Raúl Ruiz Pino o Raoul Ruiz (nacido en la ciudad de  Puerto Montt, Chile 25 de julio de 1941), cineasta chileno y teórico del cine radicado en Francia, país en el que se exilió luego de que ocurriera en Chile el Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. Alcanzó notoriedad internacional a principios de los años 1980 con películas como Las tres coronas del marinero (1983) y La isla del tesoro (1985). Es considerado por muchos como el cineasta chileno más importante de la historia. Su ultima producción de 2010 “El misterio de Lisboa”.

* 

Casualmente me encuentro a Raúl Ruiz en Pedro de Valdivia con Providencia. Después del saludo de rigor, partimos al Lomit’s cercano. Yo pido una copa de vino blanco y él una garza. Me muestra un cuaderno de croquis, donde apunta poemas y notas para sus películas. Habla de una escena donde un párroco sube a un micro y se pasea por el pasillo, bendiciendo a los pasajeros, que en su totalidad dialogan por celular. Es un reflejo de Chile, me explica. Esto me trae a la memoria una anécdota contada por Patricio Manns. A principios de 1972, Ruiz le invitó a presenciar el rodaje de una película. Para sorpresa del cantautor, vio aparecer a Nelsón Villagra a caballo y desnudo, con una garrafa de vino en sus manos, entrando al mar. Con esta secuencia simbolizo ‘la revolución a la chilena, fue la justificación de Raúl.

En el restaurante de Providencia le pregunto si es cierto lo que dice el poeta Armando Uribe, en cuanto a que escribía un soneto perfecto en menos de cinco minutos. Me contesta que sí. Queda un minuto en silencio, y recita de memoria un soneto de Guido Cavalcanti, en el italiano original. Se le reconoce desde lejos; es alto y de paso cansino, macizo de contextura: un caballero de la vieja estirpe criolla. Cuando está en Chile suele caminar por Miguel Claro y Pedro de Valdivia. Va silencioso, pero en los bares prefiere departir un vino blanco con algún amigo. Es asiduo del restaurante El Parrón de Providencia. Le queda a pocas cuadras de su departamento, ubicado en la calle Huelén. Ya murió su padre, capitán de la marina mercante, a quien le dedicara su cinta Las tres coronas del marinero (1982). Ahora su madre también falleció. Por ella venía constantemente a Chile; pero le gusta pasar inadvertido. Odia que se entere la prensa, sobre todo ahora, que es el desaguadero de la farándula.

A Raúl Ruiz no se le puede separar de sus amigos escritores. Era estudiante de Derecho en la Universidad de Chile, cuando Claudio Giaconi lo apadrinó para el montaje de una pieza en un acto, escrita a toda velocidad por Ruiz. Él mismo interpretó al protagonista, un escultor que una vez terminada su obra, la destruía. Ruiz no pasaba de los 18 años. Antes lo había descubierto Poli Délano. En un restaurante santiaguino, Poli despachaba una cerveza en la barra, cuando vio entrar a un joven de abrigo, quien se sentó a una de las mesas y pidió un pollo asado y una botella de vino tinto. Rápidamente despachó la comida y el licor. Luego se le acercó un garzón con la cuenta, mientras otro lo ayudaba a ponerse el capote y le introducía una botella en cada bolsillo. Poli preguntó por el nombre de tan singular personaje.

—Es Raúl Ruiz —respondieron al unísono los garzones.
Pero esta crónica, en realidad, se remonta a 1996, varios años antes de nuestro cruce fortuito. Fue gracias al poeta Manuel Silva Acevedo que conocí a Ruiz en un plano más personal. Él es su amigo más fiel en Chile, se conocen desde que Ruiz estaba de novio con Valeria Sarmiento, también cineasta. Ruiz le habría dicho a ella: Si te casas conmigo, seré declarado Hijo Ilustre de Puerto Montt. Desde luego, Manuel asistió a la celebración del joven matrimonio. Pero tuvieron que pasar bastantes años para que, en el verano de 1994, Ruiz fuera declarado Hijo Ilustre de la ciudad fluvial. La ceremonia oficial incluyó una retrospectiva de su cine y los discursos de siempre.

Por un azar yo estaba veraneando en Puerto Varas aquel año y un día me encontré con la noticia de que Raúl Ruiz sería nombrado Hijo Ilustre de Puerto Montt. Decidí asistir al ciclo de sus películas, pero al llegar al cine choqué contra sus puertas, herméticamente cerradas. Golpeé varias veces y nadie respondía. Era el último día de la muestra y, por eso, mi impaciencia me alteraba el pulso. De pronto, vi venir al pintor Francisco Smythe por una arteria cercana y le conté mi dilema.
—Yo te voy a ayudar —dijo con aplomo, y nuevamente llamamos a la puerta, hasta que apareció el encargado de la sala. Se disculpó diciendo que prácticamente nadie iba a ver las películas de Ruiz, incluso una pareja de jóvenes habría salido molesta del auditorio, sin entender ni jota de lo que vieron en la pantalla.
—¿Está seguro de que quiere ver el rotativo? —insistió el empleado.
—Por supuesto —respondí, molesto.
En fin, me despedí agradecido de Smythe y entré a ver lo que tanto quería. Recuerdo una escena del filme El ojo que miente, con John Hurt. Aparecía un niño que desde una ventana observaba cómo un sujeto ascendía hacia el cielo, pero luego le arrojaba una cuerda para devolverlo a la tierra. Días más tarde estuve con Gonzalo Rojas en Valdivia y le conté lo ocurrido en Puerto Montt, a lo que contestó:
—Raúl sí que es grande. Si le cuentas la anécdota le fascinará.

El lugar escogido por Silva Acevedo para presentarme al realizador fue el antiguo restorán Lancelot de Providencia, en una cita que incluía a Enrique Volpe. En esa época ya había leído sus libros El transpatagónico y Poética del cine, y quería contraatacarlo. Ruiz habló de Marcelo Mastroianni, Catherine Deneuve y de narrativa chilena, el tema predilecto de Volpe. Éste tenía el sueño de que su novela Responso para un bandolero —entonces inédita— fuera llevada al celuloide por Ruiz. El cineasta nunca mostró reticencia, pero tampoco mayor interés. Se reía amistosamente de las costumbres de Volpe, quien escribía con una pistola encima del escritorio y en todo momento portaba un arma de fuego. Pero
Ruiz fue el centro de la atención. Era genial. Hablaba de Kant y Pedro Vargas en un santiamén, por dar un ejemplo entre varios. Ruiz había llegado a Santiago hacia fines de abril, justo después de la muerte de Jorge Teillier. La noticia le sorprendió en París; quería regalarle las Obras Completas de Francis Jammes, ya que sabía de su devoción por el autor francés. De verdad sintió la pérdida, fueron amigos durante muchos años.

Por mi lado, descubrí sus películas en la filmoteca del Instituto Chileno Francés de Cultura. Eran cortometrajes desconocidos en Chile. Hablo de fines de los ’80. Algunos años después me uní a unos jóvenes que lo entrevistaron en una dependencia especial de El Parrón. Había una gran mesa rodeada por sillas de estilo y encima del blanco mantel lucían algunas botellas de vino tinto y comida. La conversación fue filmada en dieciséis milímetros. Yo me mantuve en un segundo plano, algo cohibido. Fue como toparnos en la calle, y de hecho él lo olvidó más tarde. ¿Qué será de esa cinta? ¿Qué será de esos amigos?...

La reunión en el Lancelot me dejó gusto a poco, pero a Enrique Volpe se le ocurrió la excusa perfecta para volver a verlo: le pidió si podía darme una entrevista para la revista de la Embajada de Italia. Unos días después, Ruiz me dijo por teléfono:
—Tiene que ser este jueves, pasada las seis de la tarde —y yo acepté gustoso.
Luego le conté que ese día iba a visitar la exposición de imágenes de Jorge Teillier, montada en el Salón de Honor de la Universidad de Chile, y él respondió:
—En ese caso voy por ti a las 18:45 horas y aprovecho de ver las fotos.
Creí que no llegaría. Pero fue puntual. Nos fuimos al bar Indianápolis, a metros de la Casa Central de la Universidad de Chile. Es un lugar de tránsito, al que concurren personas de diversos mundos, con una barra y mesas a los costados, junto a los espejos de rigor. Tiene el aspecto de un MacDonald, si en ellos se vendieran bebidas alcohólicas. Hallamos una mesa vacía en el centro del local. Llegó la garzona y Ruiz pidió un vaso de whisky.
Ella le preguntó:
—¿De qué marca lo va a querer?
A lo que repuso, elevando la voz:
—¡Un Chivas Regal en homenaje a Salvador Allende Gossens!

Criollos en París

Desde la adolescencia fui cinéfilo. Siempre que había una retrospectiva de la Nueva Ola del cine francés, no me la perdía. Y para qué hablar de las películas de culto chilenas: por entonces, Valparaíso mi amor (1969), de Aldo Francia, o El chacal de Nahueltoro (1969), de Miguel Littin. Estoy hablando de cuando el apagón cultural era más denso que el smog del presente. Años más tarde, luego de ver en el cine la película de Ruiz Tres tristes tigres (1968) —filme dedicado a Joaquín Edwards Bello, Nicanor Parra y al glorioso Club Deportivo Colo Colo—, conocí a Germán Arestizábal, dibujante surrealista y amigo del cineasta. Por él me enteré de las anécdotas que vivieron juntos en París. Decía que le llamaba a cualquier hora y lo hacía actuar en sus largometrajes, como el papel secundario que representó en Diálogo de exilados (1974). En una pausa del rodaje, Germán entabló una conversación con un marroquí, quien le preguntaba en francés:
—¿Eres de Chipre?
—No, de más lejos —le contestó, mientras bebía constantemente vino tinto chileno de la propia botella.
Lo divertido fue que el marroquí no aceptó vino mientras filmaban. Pero una vez terminado el trabajo, ya fuera del set, le pidió la botella y vació más de la mitad de un solo trago, aunque venía de su país donde el alcohol es visto como una herejía.

En esa época Germán estaba casado con la salvadoreña Ana María Dueñas, y ambos compartieron largas veladas en París con Ruiz y Valeria Sarmiento. La ciudad era una fiesta y un respiro, donde se platicaba sin prisa. Allá se encontraron con el mítico poeta Eduardo Molina Ventura, quien decía haber tenido encuentros secretos con Nadja, la misma que describiera André Breton en su famosa novela homónima. Finalmente, le bautizaron como Le Petit Hemingway. Molina se sintió distinguido y pidió que lo invitaran al Café Flore para celebrar.

Los mendigos de la literatura

Por entonces Ruiz ya había filmado La vocación suspendida (1977), basada en una novela de Pierre Klossowski, con quien fue amigo. Y La hipótesis de un cuadro robado (1978), inspirada también en una idea de Klossowski. Su interés me lo explicó mientras bebía aquel vaso de Chivas Regal:

Las historias de Pierre me recordaban querellas políticas chilenas; era una manera de referirme a ellas sin hacerme problemas.

Y luego guardó un silencio como de duelo. Su influencia principal son los libros. Él mismo es un escritor y, por tanto, más que en cualquier otro cineasta latinoamericano, en su trabajo se produce la fusión entre el cine y la literatura. Como tanto lo quiso hacer el novelista Francis Scott Fitzgerald, en su frustrada época de Hollywood; o como lo planteó abiertamente el estadounidense Gore Vidal, para quien el verdadero arte en los filmes es obra de los guionistas. Desde nuestro rincón sombreado en el bar Indianápolis, Ruiz puntualizó:

A estas alturas puedo afirmar que nunca dejé de escribir. Empecé con poemas a los siete años de edad. He seguido componiendo teatro y por un tiempo me dio por escribir novelas. Armé una historia que sigo hasta el día de hoy, pero que será póstuma. En la mayoría de las películas que hago, primero escribo una novela que después adapto; en otras escribo un libro de poemas. En el caso de La ciudad de los piratas, lo hice; también en Las tres coronas del marinero escribí una serie de poemas. Los poemas tienen una función práctica en el cine, que es la de ligar más libremente las imágenes, para provocar asociaciones que no tengan funciones exclusivamente narrativas; digamos, para crear una tensión poética en escenas que no tendrían por qué tener esa tensión, y que se le agrega con esta especie de presupuesto teórico que es el poema.

A comienzos de los ’80, en París, solía animar las reuniones de amigos leyendo sus sonetos, realizados con un apego estricto a las formas clásicas. Finalmente los publicó cuando filmaba El techo de la ballena (1981), donde rinde tributo a Herman Melville, entre otros autores. El océano también posee poética y Ruiz la supo capturar. Dicha sensibilidad se la transmitió su padre, capitán de marina, cuando niño. No en vano su progenitor y un grupo de sus amigos lo apoyaron económicamente para que produjera su primera cinta. La recompensa del viejo fue ver, acompañado por su hijo, Las tres coronas del marinero. Con nostalgia, Ruiz elucubró acerca de esa cinta:

¿Quién era un capitán de buque antes? Era alguien que sabía, como decían los viejos marinos, mirar la cara del océano y así enterarse si estaba de mal genio. No necesitaba de radar ni satélite. A ellos los quise homenajear. Ahora todo está decidido por comités y computadoras y el capitán no tiene nada que hacer. Es un burócrata más: el inspector que cobra los boletos de los trenes.

Tomó un largo sorbo tras la remembranza. Con el paso de las horas, el Indianápolis empezó a recibir nuevos visitantes: artesanos, prostitutas, obreros y gente de paso. El ambiente se tornó espeso. En la barra vi bebedores fuertes, con otros códigos de conducta. Me di cuenta de que no debía mirar hacia las otras mesas, si no quería tener problemas. Entre las luces, recién encendidas, de la Avenida Libertador Bernardo O’Higgins, apenas divisaba la estatua de Andrés Bello.

Ruiz prosiguió como si nada, ensimismado: Todo lo que escribo en francés posee algo de pastiche, de parodia, y es un poco en broma. En castellano son derechamente bromas, aunque de otra manera. Sin embargo, al ver las dificultades económicas de mis amigos escritores, poetas sobre todo, decidí buscar otra forma de ganarme la vida, y fue haciendo películas. Era un modo de sustituir las letras, sin perder mi capacidad creativa. Un mendigo o marginal del cine está en mejor situación, digamos, que un Premio Nacional de Literatura.

Pedí otra ronda mientras le escuchaba hablar de China. Decía que ese país le provocaba una añoranza especial, más aún, sería el único en el cual se sentiría en su casa. Lo encuentra parecido a Chiloé.

Yo no tengo una cara particularmente oriental, pero en ese país me reconocen como chino. ¡Hasta me preguntan direcciones!

Mi desconcierto era mayúsculo, porque en verdad le había preguntado cómo veía el Chile actual. Pero a Ruiz le encantan los laberintos, embromar a sus espectadores y convertirse a sí mismo en un mito. No me dio tiempo para recuperarme, cuando de nuevo contraatacaba:

El país ya no el mismo que conocí. Hay un aire de caducidad psíquica que corroe a Chile de punta a punta. La realidad nacional pareciera amortajar a su gente. Y continúan falleciendo muchas personas. El otro día un amigo me decía que desde hace algún tiempo es necesario consagrarse a los funerales por entero. Esta mañana me dijo otro amigo: Acá me lo he pasado de un estreno a un funeral, y de un funeral a un estreno. Es cierto, el país está haciendo el duelo de la dictadura a través de sus muertos. No se debe a que hayan más fallecidos, sino a que los funerales adquirieron un valor teatral restado a la vida. Antes la teatralidad chilena estaba en la Plaza de Armas, en la Quinta Normal, en las manifestaciones políticas, en los discursos de los políticos. Ahora éstos parecen muñecos a cuerda. Yo creo que dejaron el cuerpo y están viviendo en Europa.

Ya casi no hay bares, pero en los tiempos en que yo estaba en Chile, sobre todo en la época del Il Bosco, había más gente inteligente en los bares que en las universidades, practicando un espíritu universal para examinar todas las disciplinas. Algo inexistente en las universidades chilenas. En mis pocas incursiones en ellas, lo único que percibí fue esa extraña convicción del Chile gris y profundo en que nada es auténtico si no es aburrido. Desde la perspectiva universitaria, el aburrimiento es la condición verdadera.

La última vez que conversamos le regalé la reedición de Chicago Chico, de Armando Méndez Carrasco. Me contó que se había inspirado en el libro Algunos, de José Santos González Vera, para realizar la cinta Días de campo, la cual gira en torno a Federico Gana, escritor chileno de las primeras décadas del siglo XX. Allí actuaron Poli Délano, Manuel Silva Acevedo, Bélgica Castro, Marcial Edwards… Los diálogos de bar del filme, me recordaron la propia vida del cineasta y de su padre. A Ruiz los galos ya no le dicen Raúl, sino Raou”. Pero no por eso se afrancesó su arte, que sigue tan chileno como en su juventud. Recuerdo cuando Jorge Teillier, luego de ver La hipótesis de un cuadro robado (1978), me dijo: Raúl es el mejor pistolero del Far West chileno, y no puede ser ni pesar menos que Orson Welles. Tras despedirme de Ruiz recordé a mi padre y a otros viejos románticos. Ahora la mediocridad es tan grande y todo está previsto…
¿No es cierto, Raúl?

6.8.09

Carta de Emile Cioran a Fernando Savater, sobre BORGES


París, l0 de diciembre de l976


Querido amigo:


En noviembre, durante su visita a París, me pidió usted que colaborase en un libro de homenaje a Borges. Mi primera reacción fue negativa; la segunda... también. ¿Para qué celebrarlo cuando hasta las universidades lo hacen? La desgracia de ser conocido se ha abatido sobre él. Merecía algo mejor. Merecía haber permanecido en la sombra, en lo imperceptible, haber continuado siendo tan inasequible e impopular como lo es el matiz. Ese era su terreno. La consagración es el peor de los castigos para el escritor en general y muy especialmente para un escritor de su género. A partir del momento en que todo mundo le cita, ya no podemos citarle o, si lo hacemos, tenemos la impresión de aumentar la masa de sus «admiradores», de sus enemigos. Quienes desean hacerle justicia a toda costa no hacen en realidad más que precipitar su caída. Pero no sigo, porque si continuase en este tono acabaría apiadándome de su destino. Y tenemos sobrados motivos para pensar que él mismo se ocupa de ello.


Creo haberle dicho en otra ocasión que si Borges me interesa tanto es porque representa un espécimen de humanidad en vías de desaparición y porque encarna la paradoja de un sedentario sin patria intelectual, de un aventurero inmóvil que se encuentra a gusto en varias civilizaciones y en varias literaturas, un monstruo magnífico y condenado. En Europa, como ejemplar similar, se puede pensar en un amigo de Rilke, Rudolf Kassner, que publicó a principios de siglo un excelente libro sobre la poesía inglesa (fue después de leerlo, durante la última guerra, cuando me decidí a aprender el inglés...) y que ha hablado con admirable agudeza de Sterne, Gogol, Kierkegaard y también del Magreb o de la India. Profundidad y erudición no se dan juntas; él había logrado sin embargo reconciliarlas. Fue un espíritu universal, al que sólo le faltó la gracia, la seducción. Es ahí donde aparece la superioridad de Borges, seductor inigualable que llega a dotar a cualquier cosa, incluso al razonamiento más arduo, de un algo impalpable, aéreo, transparente. Pues todo en él es transfigurado por el juego, por una danza de hallazgos fulgurantes y de sofismas deliciosos.


Nunca me han atraído los espíritus confinados en una sola forma de cultura. No arraigarse, no pertenecer a ninguna comunidad: ésa ha sido mi divisa y continúa siéndolo. Vuelto hacia otros horizontes, siempre he intentado saber qué sucedía en todas partes. A los veinte años, los Balcanes no podían ofrecerme ya nada más. Ese es el drama, pero también la ventaja de haber nacido en un medio «cultural» de segundo orden. Lo extranjero se había convertido en un dios para mí. De ahí esa sed de peregrinar a través de las literaturas y de las filosofías, de devorarlas con un ardor mórbido. Lo que sucede en el Este de Europa debe necesariamente suceder en los países de Hispanoamérica, y he observado que sus representantes están infinitamente más informados y son mucho más cultivados que los occidentales, irremediablemente provincianos. Ni en Francia ni en Inglaterra veo a nadie con una curiosidad comparable a la de Borges, una curiosidad llevada hasta la manía, hasta el vicio, y digo vicio porque, en materia de arte y de reflexión, todo lo que no degenere en fervor un poco perverso es superficial, es decir, irreal.


Siendo estudiante, tuve que interesarme por los discípulos de Schopenhauer. Entre ellos, un tal Philipp Mainländer me había llamado particularmente la atención. Autor de una Filosofía de la liberación, poseía además para mí el aura que confiere el suicidio. Totalmente olvidado, yo me jactaba de ser el único que me interesaba por él, lo cual no tenía ningún mérito, dado que mis indagaciones debían conducirme inevitablemente a él. ¡Cuál no sería mi sorpresa cuando, muchos años más tarde, leí un texto de Borges que le sacaba precisamente del olvido! Si le cito este ejemplo es porque a partir de ese momento me puse a reflexionar seriamente sobre la condición de Borges, destinado, forzado a la universalidad, obligado a ejercitar su espíritu en todas las direcciones, aunque no sea más que para escapar a la asfixia argentina. Es la nada sudamericana la que hace a los escritores de aquel continente más abiertos, más vivos y más diversos que los europeos del Oeste, paralizados por sus tradiciones e incapaces de salir de su prestigiosa esclerosis.


Puesto que le interesa saber qué es lo que más aprecio en Borges, le responderé sin vacilar que su facilidad para abordar las materias más diversas, la facultad que posee de hablar con igual sutileza del Eterno Retorno y del tango. Para él «todo vale», puesto que él mismo es centro de todo. La curiosidad universal es signo de vitalidad únicamente si lleva la huella absoluta de un yo, de un yo del que todo emana y en el que todo acaba: comienzo y fin que puede, soberanía de lo arbitrario, interpretarse según los criterios más caprichosos. ¿Dónde se halla la realidad en todo esto? El Yo, farsa suprema... El juego en Borges recuerda la ironía romántica, la exploración metafísica de la ilusión, el malabarismo con lo imitado. Friedrich Schlegel, hoy, se halla adosado a la Patagonia ...


Una vez más, no podemos sino deplorar que una sonrisa enciclopédica y una visión tan refinada como la suya susciten una aprobación general, con todo lo que ello implica... Pero, después de todo, Borges podría convertirse en el símbolo de una humanidad sin dogmas ni sistemas y, si existe una utopía a la cual yo me adheriría con gusto, sería aquella en la que todo el mundo le imitaría a él, a uno de los espíritus menos graves que han existido, al «último delicado»...

7.7.09

La palabra dibujada




revista electrónica editada en la comuna de Ñuñoa en la ciudad de Santiago de CHILE, por los poetas Francisco Véjar y Leo Lobos.

9.10.08

Andrés Neuman y Francisco Véjar desde Teruel - España



I y II parte de la Conversación de los poetas Andrés Neuman y Francisco Véjar en Teruel, España, septiembre de 2008.





revista electrónica editada en la comuna de Ñuñoa en la ciudad de Santiago de CHILE, por los poetas Francisco Véjar y Leo Lobos.

8.10.08

Alfredo Bryce Echenique entrevista por Francisco Véjar



Entrevista exclusiva realizada el 23 de septiembre por el poeta chileno Francisco Véjar, desde Teruel, España.


En 1999 nadie entendió muy bien por qué se iba Bryce Echenique (o más bien, por qué regresaba) a Perú. Después de 34 años de exilio, catorce de los cuales habían transcurrido en su base madrileña, la decisión de volver a su natal Lima tomó a todo el mundo –incluido al propio escritor– un poco desprevenido. Para despedirlo, y cerrar su estancia con broche de oro, le dieron en 1998, el Premio Nacional de Narrativa por “Reo de nocturnidad”. Luego Bryce se arrepintió, y regresó a establecerse en Canarias, afirmando que no podía escribir en Lima porque "cuando abro las ventanas de mi cuarto, entra mucha porquería, hay mucha suciedad en el ambiente”. Y he aquí que ahora regresa al podio, como el hijo pródigo, de la mano del Premio Planeta, a cuestas con el sillón Voltaire que sus novelas han convertido en objeto de culto.
Por todas partes, lo asaltan los malentendidos. Un importante periódico francés lo definía como “el otro peruano”, en referencia a Mario Vargas Llosa, su amigo de muchos años. Ahora resulta que Vargas Llosa escribe sobre Flora Tristán, emparentada de extraña manera con los Echenique. “En vez de preguntarme –se queja Bryce–, de oír todo lo que yo podía narrarle, lo que me había sido trasmitido oralmente en mi familia, resulta que Mario, flaubertiano típico, ha preferido hundirse en los archivos, buscar toda la documentación. Yo soy más stendaliano, lo que me importa es la emoción, el sentimiento”.
Nacido en Lima el 19 de febrero de 1939, Bryce se crió en una familia de banqueros. Nieto de un presidente de la República y descendiente del último virrey del Perú, el escritor tuvo una infancia dorada y frecuentó los mejores colegios de Lima. Esa época ha quedado inmortalizada en “Un mundo para Julius”, evocación del universo extravagante y cruel de la alta burguesía limeña, venida a menos pero no por eso menos celosa de sus buenas maneras.
En 1957, ingresó en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en donde estudió simultáneamente Letras (Literatura) y Derecho. En 1963, obtuvo el título de abogado y en 1964 el de Licenciado en Letras, con una tesis titulada "Función del diálogo en la narrativa de Ernest Hemingway". A fines de ese mismo año viajó a Europa para seguir cursos en la Sorbona, en donde obtuvo diplomas en Literatura Francesa Contemporánea y Clásica y preparó una tesis doctoral en Literatura, aún no sustentada. Desde entonces, ha enseñado en varias universidades francesas: Nanterre, Sorbona y Vicennes, Montpellier...En 1977 aparece su novela “La pasión según San Pedro Balbuena que fue tantas veces Pedro, y que nunca pudo negar a nadie”, cuyo título quedará reducido, por la fuerza, al de “Tantas veces Pedro”. Además por esos años publica el volumen “A vuelo de buen cubero y otras crónicas”, que revela su vinculación al nuevo periodismo norteamericano y su visión del sur estadounidense que visitó gracias a una beca de la Fundación Guggenheim. Su pasión por el periodismo se ha mantenido intacta hasta hoy, y lo ha convertido, sin duda, en uno de los grandes cronistas latinoamericanos. Además de sus cuentos, reunidos por Alfaguara en 1995, Bryce es conocido por dos novelas emblemáticas: “La vida exagerada de Martín Romaña”, publicada en 1981, abre el díptico “Cuadernos de navegación en un sillón Voltaire”, que cerrará con “El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz” en 1984 y con el relato “Una carta a Martín Romaña”, incluida en la colección “Magdalena peruana y otros cuentos” (1986). Eterno viajero, su mirada irónica reencarna en una amplia galería de personajes que se han movido siempre entre la necesidad de la búsqueda del camino y la constatación de la pérdida de rumbo, por lo cual quedan vinculados, en primer lugar, al desamor y a un desarraigo de alcances diversos. Su visión de la Europa que conoció en sus correrías académicas cobra una dimensión nueva y desmitificadora, que abarca lugares y acontecimientos como el mayo del 68 a las luchas de la izquierda hispanoamericana. En 1988 se publica Crónicas personales, que supone la ampliación de las editadas años atrás. Regresará a la novela con “La última mudanza de Felipe Carrillo”, de 1988, a la que no volverá hasta “No me esperen en abril” (1995). Entretanto, había editado las tres novelas breves de “Dos señoras conversan” y un curioso volumen de memorias (o antimemorias) “Permiso para vivir”.“Reo de nocturnidad” (1997) supondrá su exitoso retorno a la novela. Poco después llegará la publicación de los, hasta el momento, últimos cuentos, en “Guía triste de París” (1999), y de la novela “La amigdalitis de Tarzán” (1999), cuya traducción italiana obtuvo este año el prestigioso premio Grinzane Cavour.
Ya había sonado como ganador del Planeta. Y el año pasado lo ganó bajo el seudónimo Stanley Black, autor de un manuscrito titulado “El huerto de mi amada”. Una novela que confirma la maestría literaria del más nómada de los escritores latinoamericanos.


revista electrónica editada en la comuna de Ñuñoa en la ciudad de Santiago de CHILE, por los poetas Francisco Véjar y Leo Lobos.

12.2.08

Arte de Daniel Palominos





















Daniel Palominos



Para saber algo más de este gran artista ver-leer:
http://www.biblioredes.cl/BiblioRed/Nosotros+en+Internet/palominos/palominos.htm
Detalle de proyecto mural para el Metro de Santiago de 36 metros lineales de relieve cerámico.

Fotografía de artista Daniel Palominos: Jorge Romero, Plaza Gabriel González Videla, La Serena, Chile.
Fotografía de arte de Daniel Palominos: Leo Lobos, Plaza Gabriel González Videla, La Serena, Región de Gabriela Mistral, Chile en el marco de las Ferias de Artesania y Cultura año 2008.


27.11.07

Nicanor Parra por Dave Oliphant

























From Also Sprach Altazor


Nicanor Parra


I

Before I Begin


A question:
What would come of Chile without Huidobro
What would come of Chilean poetry without this duende
It’s easy to imagine
Certainly there would be no freedom of speech
we would all be scribbling Sonnets
Elemental Odes
Or groans

Praised be his Holiness!


III

Let Me Be Perfectly Clear


That without the master there would be no disciple
I learned practically everything from Huidobro
Thanks
Including some bad habits
That’s the truth of the matter
The disciple’s failings are not explained
Without the master’s ingeniousness


X

Altazor


A poem that begins a number of times
and never stops starting

A majestic unfinished cathedral
The rough shell of a cathedral
In the view of both opposing sides


XIII

Exact Words


Anyone who may have studied
The real world inside out
Can’t help but become a communist

Anyone who has studied
The communist party inside out
Can’t help but become an anarchist

Believe me
Not to be an idealist at age 20
Is not to have a heart

To go on being one at 40
Is not to have a head


XXXVII

What Is Poetry


The foundation of one’s being upon the word
You yourself are poetry
everything that moves is poetry
What doesn’t change places is prose

But what is poetry
everything that unites us is poetry
Only prose can pull us apart

Yes but what is poetry
Life in words
An enigma that refuses to be deciphered by professors
A little truth and an aspirin
You yourself are antipoetry




L

There Are No Lack of Critics


Who rate him above all others
For many
The author of Altazor
Is the new world’s greatest poet

The opinions are divided
You will say
That place belongs to Ezra Pound
To Whitman
to Vallejo
to Drummond de Andrade
Not to mention the Nerudians
Who were always the most potent
Well, the gold of Moscow
and Mistral?
Bottomless mystery . . .

Modernism continues in power
according to Habermas
despite the fact that it has already disintegrated
as a way of thinking about the world


LXIII

From the Balcony of My House


I see the tomb of Vicente Huidobro
Shining on the other side of the bay

From morning to night I perceive
The poet’s electric signals

He rises and sets with the sun
de Also Sprach Altazor

Nicanor Parra


I

Antes de comenzar

Una pregunta:
Qué sería de Chile sin Huidobro
Qué sería de la poesía chilena sin este duende
Fácil imaginárselo
Desde luego no habría libertad de expresión
Todos estaríamos escribiendo Sonetos
Odas elementales
O gemidos

Alabado sea el Santísimo!


III

Quiero dejar en claro

Que sin el maestro no hubiera sido posible el discípulo
Prácticamente todo lo aprendí de Huidobro
Gracias
Incluidas algunas malas costumbres
Esa es la verdad de las cosas
Las fallas del discípulo no se explican
Sin las genialidades del maestro


X

Altazor

Un poema que empieza varias veces
y no termina nunca de empezar

Una majestuosa catedral inconclusa
La obra gruesa de una catedral
En opinión de Tirios y Troyanos


XIII

Palabras textuales

Quien haya estudiado a fondo
El mundo actual
No puede dejar de hacerse comunista

Quien haya estudiado a fondo
El partido comunista
No puede dejar de hacerse anarquista

Believe me
No ser idealista a los 20
Es no tener corazón

Seguir siéndolo a los cuarenta
Es no tener cabeza


XXXVII

Qué es poesía

La fundación del ser x la palabra
Poesía eres tú
todo lo que se mueve es poesía
Lo que no cambia de lugar es prosa

Pero qué es poesía
todo lo que nos une es poesía
Sólo la prosa puede separarnos

Sí pero qué es poesía
Vida en palabras

Un enigma que se niega a ser descifrado x los profesores
Un poco de verdad y una aspirina
Antipoesía eres tú


L

No son pocos los críticos

Que lo sitúan x encima de todos
Para muchos
El autor de Altazor
Es el poeta máximo del nuevo mundo

Las opiniones están divididas
Dirán Uds
Ese lugar le corresponde a Ezra Pound
A Whitman
a Vallejo
a Drummond de Andrade
Para no mencionar a los nerudianos
Que fueron siempre los más poderosos
El oro de Moscú pues
y la Mistral?
Insondable misterio . . .

El modernismo sigue en el poder
Señala Habermas
A pesar de que ya se desintegró
Como manera de pensar el mundo


LXIII

Desde el balcón de mi casa

Veo la tumba de Vicente Huidobro
Resplandecer al otro lado de la bahía

De la mañana a la noche percibo
Las señales eléctricas del poeta

Amanece y se pone con el sol








David Oliphant es profesor de literatura en la University of Texas at Austin, Estados Unidos, y traductor al inglés de Nicanor Parra y Enrique Lihn.

revista electrónica editada en la comuna de Ñuñoa en la ciudad de Santiago de CHILE, por los poetas Francisco Véjar y Leo Lobos.

3.7.07

Le chat qui peche rinde tributo a Claudio Giaconi





Un minuto de silencio a la memoria de Claudio Giaconi, uno de los más importantes cuentistas chilenos del Siglo XX y de los albores del Siglo XXI.

En la fotografía Claudio Giaconi y Francisco Véjar, autor de esta entrevista inédita, en exclusiva para Le chat qui peche.
Santiago de Chile, Julio 3 de 2007

2.7.07

Claudio Giaconi de aquí a la eternidad

Claudio Giaconi (1927-2007) y la libre plática


FRANCISCO VÉJAR


Figura mítica de la literatura chilena por antonomasia. La publicación de La difícil juventud (1954), estremeció el ambiente literario local, señalándolo como el primero de su generación en renovar la narrativa chilena. Después dio a conocer: El sueño de Amadeo (1959), Un hombre en la trampa (Gogol) (1960), El derrumbe de occidente (1985) y etc. (2006). Preparaba varios libros, entre otros, Cuentos de este tiempo y de otro que reuniría relatos como Los hermanos, editado por la revista Fines Terrae, el año 1951. Su vida oscilaba entre el Cerro 18, ubicado en la comuna de Lo Barnechea y el Parque Forestal. Se le veía con frecuencia en el departamento de Carlos Cantuarias junto a sus inseparables amigos. La siguiente conversación se sostuvo con Giaconi, sin apremios y de manera cansina, apelando a la memoria.

¿Qué estás leyendo?
Estoy releyendo el Oblómov de Goncharov. Pienso que tengo rasgos de ese personaje, como también del protagonista de la novela Del tiempo y del río de Thomas Wolfe, cuyo nombre es Tom Gant que es la antítesis de Oblómov.

¿Cómo eran los miembros de tu generación?
Al hacer un retrato siempre hay un riesgo de traicionar al retratado. En el sentido que uno acentúa rasgos que tal vez para el retratado no son importantes como otros que el narrador pasa inadvertido. Recuerdo la inquietud de Carlos Faz. Su gran talento al pintar. Tenía una vena populista y una vena estrictamente abstracta. De esta vena abstracta, Jorge Edwards tiene en el living de su departamento, una de esas pinturas que reúne lo que señalé anteriormente. Ahora bien, de Alejandro Jodorowsky tengo un recuerdo temprano, antes de que yo conociera a Enrique Lihn. Jodorowsky dio una conferencia sobre mimos, en el Instituto Chileno Norteamericano de Cultura. Entonces para ilustrar una escena que reflejara el miedo, pidió que alguien del público lo expresara en pantomima. Me eligió a mí. Pasé adelante e hice mi mímica del miedo. Así nos conocimos y luego, a través de Jodorowsky tuve conocimiento de Enrique Lihn.

La obra que por esa época me impresionó al releerla fue La sangre y la esperanza (1943) de Nicomedes Guzmán. Sencillamente porque Nicomedes escribió su propia vida ahí. Él era un hombre del Matadero. Lo conocí personalmente. Escribía para Las Últimas Noticias. Estuvimos comiendo en un boliche, cercano al diario El Mercurio que estaba en Compañía esquina de Morandé. Era dipsómano y por lo mismo, hombre de bar y de gran conversación.

¿A quiénes más conociste por esos años?
Yo visitaba a Olegario Lazo Baeza, porque era amigo de su hijo, Jaime Lazo. Este último tenía facha de boxeador, pero con corazón de niño. Almorzábamos los domingos, en su casa de La Reina. También tuve trato con Luis Durand, el criollista. Tiene ese cuento maestro que se llama La Picada. Paralelamente frecuentaba a Pablo de Rokha. Para mí Epopeya de las comidas y las bebidas de Chile (1949), es uno de los más grandes poemas que se han escrito en Chile. Con todo, él tiene otros escritos que son farragosos y masacotudos. Evidentemente no es un poeta exquisito o afrancesado. Es una fuerza de la naturaleza. Por ejemplo, las comidas que hacía se llevaban en una tinaja y el vino corría libremente.

¿Qué influjos reconoces en la factura de La difícil juventud (1954)?
Me interesaron ciertos narradores norteamericanos. Los llamados ‘Escritores duros’. Entre ellos: James Cain, William Saroyan y James Farrior. También me gustaron los escritores sureños: Carson Mc Cullers, Truman Capote, Tennesse William. Tennesse es una especie de Shakespeare moderno, con obras como El Zoológico de cristal y Un tranvía llamado deseo. Los escritores sureños, a mi juicio, fueron influidos por la novela rusa. Eso se trasunta en el alma de sus personajes.

¿Te apabulló el éxito que tuvo en la crítica La difícil juventud (1954)?
Sí, es cierto. Ahí está la clave del silencio de estos años. He publicado, pero de manera esporádica y en revistas, salvo El derrumbe de Occidente, publicado en 1985 y etc., aparecido en el sello editorial La Calabaza del Diablo; ambos libros de poesía.

Ya que hablamos de la década del cincuenta, ¿es cierto que apadrinaste a Raúl Ruiz?
En esa época se dedicaba al teatro y asistía a clases de leyes en la Universidad de Chile. Corría el año 1957. Entonces estrenó en una sala de la Universidad, en Pío Nono, una obra que se llamaba La Estatua. Consistía una especie de anticipo de teatro del absurdo. En la única escena, un escultor hace una estatua y luego la destruye a martillazos. Lo apadriné. Él tenía alrededor de 17 años.

¿Qué proyecto tienes en la actualidad?
Acabar mi novela F que es como El hombre sin atributos de Robert Musil, es decir que no tiene fin, pero mi propósito es seguir escribiendo. Son más de mil páginas las que tengo. Todo lo que escribo está inmerso en F, porque tiene relación con el universo de la memoria.

¿Cuál es para ti la misión de la literatura?
La literatura no es para entretener y hacer juegos de luces. Es para despertar las conciencias. Se puede hacer reír, pero con intenciones muy estructuradas, nada se deja al vuelo. Basta leer las obras más insignificantes de Nicolás Gogol o el teatro de Chejov. Él tiene un monólogo que versa sobre el daño que hace el tabaco y la conferencia la da un intelectual que no deja nunca de fumar. La gente se empieza a ir por la tos que les producía el humo. Eso prueba el humor ruso, del cual soy adherente.

¿Qué sensación tienes de los escritores en la actualidad?
Ahora el escritor pasa a hacerse notar. Se pone en vitrina, pero sin nada detrás. Son pura apariencia.

¿Cómo fue tu vuelta a Chile en 1990?
Llegué después de veinte años de ausencia. La última vez que estuve en Chile fue en 1970. Luego volví el año 1990. Sentí que no era el mismo país y llegué a experimentar la extranjería en mi propia patria. Me sentí más extranjero que en Nueva York, casi una basura.

¿Qué te gustaría hacer ahora?
Escuchar a Anton Bruckner e ir a tomarme un café al barrio Lastarria.

11.6.07

FERNANDO AGUIAR - poeta visual portugués















A new collection of small artists' books
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Francis Van Maele
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4.12.06

Tanussi Cardoso - Poesía

fiat lux

Tanussi Cardoso


-Poesía-



Traducción, selección y notas
Leo Lobos








¿Para dónde estamos yendo?
Estamos yendo siempre para casa.

Raduan Nassar





Del aprendizaje del aire

imaginemos el aire suelto en la atmósfera
el aire inexistente a la luz de los ojos
imaginemos el aire sin sentirlo
sin el sofocante olor de las abejas
el aire sin cortes sin fronteras
el aire sin el cielo
el aire del olvido
imaginémoslo fotografiado
fantasma sin textura
moldura inerte
cuadro de sugestiones y apariencias
imaginemos el aire
paisaje blanco sin el poema
vacuo impregnado de Dios
el aire que sólo los ciegos ven
el aire el silencio de Bach

imaginemos el amor
así



De la poesía

el canto de los pájaros
a la procura del viento
no

la promesa del amor
en las caras de la luna
no

el miedo del mundo
sobre el muro
no

el malabarista
en la cuerda floja
no

el ojo del tigre
exacto certero
preciso

el ojo del tigre
sí


Sobre el oficio

escribir

dejarse ir
a un pantano que no
se conoce
fondo ni gusto

di/lu/ir/se

la piel secar al sol
uñas y dientes

a/bis/mar/se

espanto y
peligro de caida

entregarse al
terremoto que viene
de sí mismo

de/sis/tir/se

no resistir
el abandono
de los cabellos

di/sol/VER-SE



Invitación

ellos llegan

ríos caminos carreteras
soles lunas cabalgatas
jornadas diarias
rezos velas fotos
cartas de amor
nostalgias
jardines repletos
primaveras
frutas perros

ellos llegan

mis muertos
nunca
se apartan


óvulo II

con cada poema
que se hace
se aleja a la muerte
hasta la mañana
de un nuevo
poema


“silencio antes de nacer, silencio
después de la muerte, la vida es puro ruido
entre dos silencios insondables”

Isabel Allende



Sobre el nombre de las cosas

Para Luiz Ruffato

I

por que todos los misterios son santos
no nombraremos el nombre de las
cosas.
aún que los desiertos florezcan
y el caos de las lluvias nos transborden,
de ellos, la sangre
no diremos.


IV

cuando caminábamos
en la arena,
nombres no habían.
habían el mar sin nombre,
el cielo, las frutas,
las huellas de los pájaros
y el sueño sin nombre había.
todo era simple.
simples hombres
sin nombrar.

VI

¿quién nos lleva en los hombros?
¿quién nos bebe la lengua?
¿a quién decir, quiero?
¿a quién decir, preciso?
¿a quién decir, inocentes?


VIII

vivimos dentro de nosotros.
extranjeros.
recorremos carreteras,
calles, ciudades. desnudos y
extranjeros.
cada sonrisa, cada
abrazo, extranjeros.
nuestros mares y navíos,
extranjeros.



XI

es que
los nombres no dichos se esquivan
y el Verbo
que era barro
se hace
aire.



fiat lux

para Cristina da Costa Pereira

el tiempo
viene de los pies y de las manos y del agua y de los vientos
y de la tierra
y del fruto del vientre de las madres
viene de los árboles
de la paz que brilla en su cáscara
nace de la pureza de la sangre de las arenas
de la existencia de la hoja en blanco
de los ancestrales recuerdos del carácter mágico
de las palabras

el tiempo
nace de la escritura de los pájaros
o de su canto
o de la risa del primer gallo en la primera mañana
o antes
cuando la idea de un Dios quemaba los ojos
y los niños jugaban
en el soplo de la espuma del verso de los poetas

viene de la seda de las abejas
de la piel de las tortugas
del encuentro de la araña y su red
del ínfimo grano de arena de los desiertos

el tiempo
comienza en ti
en tu gemido delante del ombligo de la luna
y de las espirales de las nubes
nace de las ciudades invisibles
del movimiento que existe en el juego del creador
y de la piedra fundamental
nace del amor de los lagartos
de las uvas molidas para el vino
del fuego de los volcanes
de los cielos y de los parques
del espíritu que perfuma el aire
nace del misterio gozoso
que existe entre la espina y la rosa
de los relámpagos que iluminan los cabellos
de la primera hormiga en su labor diaria
de las alas de los peces cuando estos vuelan

el tiempo
nace del acaso de las galaxias y de las estrellas
del humus de las lluvias
nace de la memoria del polvo
de los incendios del deseo
viene ungido por los dolores de los profetas
nace del vuelo de Dios y su sudor
y del dedo del sol entre las sombras

el tiempo
resiste en la sonrisa lenta de la noche
ofreciéndose a la boca estelar y melancólica
de la aurora mas larga
y armoniza el silencio
coge la miel
y nos hace estremecer

solos y humanos



ejercicio de la mirada

el ojo cortado del perro andaluz
el ojo de la lamina afilada
el ojo de la sangre y su chorro
el ojo y la visión de Borges
el ojo ciego que ve
el ojo de los brujos
el ojo oculto del eclipse
el ojo de la parábola y de la profecía

el ojo que circunda el ojo claro del miedo
el ojo de Dios en el centro del huracán
el ojo del padre y de la madre y de los gallos de la aurora
el ojo que habita el planeta de la infancia

el ojo de la muerte anunciada
el ojo de la vida postergada
el ojo en la edad madura de los huesos

el ojo de la ciudad fragmentada
dentro del hombre fragmentado
el ojo ruidoso de la urbanidad
el ojo del sueño que se recuerda
el ojo de la memoria en movimiento
el ojo partido de la esperanza y de la utopía
el ojo de los girasoles

el ojo de Clarice
el ojo triste de la alegría
el ojo de los 3 misterios
el ojo prismático de los cristales

el ojo como acto de destrucción
el ojo de las sombras y de las dudas
el ojo absurdo de las aguas
el ojo atento de las horas paradas

el ojo en la desnudez escondida
de las señoritas de Picasso
el ojo azul de Matisse
el ojo de las bañistas de Cézanne
el ojo de la sonrisa santa de la Gioconda

el ojo que ilumina
más allá de la superficie de la máquina
el ojo del ritmo de los engranajes
el ojo que esta al acecho
más allá de la lengua y del lenguaje
el ojo que la palabra liberta

el ojo del verbo ser
el ojo doble del andrógino
el ojo del que soy y no soy
o viceversa
el ojo que parte de mi para el otro
o viceversa
el ojo fatal del nombre y de la cosa
el ojo de la máscara dentro del ojo

el ojo de la carne dentro de la piel
el ojo entre las sabanas
el ojo insoportable de los límites
el ojo sin esposas

el ojo del verso en transe y en tránsito
el ojo en la contramano de la dicción
el ojo dentro de la hipérbole y del espanto
el ojo paradojal de la contradicción

el ojo de la serpiente tragando el mar
el ojo en la mano de Gullar
el ojo de las 5 raíces
Cecilia Bandeira Murilo Cabral Drummond

el ojo del sonido de Cage
el ojo del río bebiendo la sed
el ojo aguado de los peces
el ojo de la flecha
el ojo de la canción de los gatos

el ojo en el ojo del poema
que anuncia

la mirada nuestra de cada día



Notas
Los poemas presentados han sido extraídos del libro “Exercício do olhar” poemas de Tanussi Cardoso, publicado por editora Fivestar en la ciudad de Rio de Janeiro, Brasil el año 2006.

Tanussi Cardoso es carioca nacido el año 1946. Formado en periodismo (PUC/RJ) y derecho (Bennet), licenciado en inglés (BBC). Poeta, cuentista, crítico literario y escribe letras de canciones. Además de ser activo colaborador de diversas publicaciones literarias en Brasil.

Ha editado los libros Desintegración (1979); Boca maldita (1982), Viaje en torno de (2000); La medida del desierto y otro poemas (2003). Tiene poemas publicados en Argentina, Chile, Colombia, Estados Unidos, Italia, Portugal, y Uruguay, y ha sido traducido al francés, español e italiano. Es columnista del periódico carioca RIO LETRAS. Es miembro de la asociación de poetas del Estado de Rio de Janeiro (APPERJ) y presidente del sindicato de los escritores del Estado de Rio de Janeiro (SEERJ). El año 2006, representó a Brasil en el Segundo Festival Latino-Americano de Poesía “Ser al fin una palabra”, realizado en México, Distrito Federal, invitado por los poetas mexicanos Federico Corral Vallejo y Angélica García Santa Olaya entre otros.

Sobre su poesía Gilberto Mendoca Teles ha dicho: “No tengo dudas en escribir que Tanussi Cardoso es el poeta que más admiro actualmente en Rio de Janeiro. Poder demostrar los motivos de esta admiración que se extienden de los poemas al poeta -al hombre cordial, dócil, educado, talentoso y humilde, que sabe ser. Humildad orgullosa -digamos así- de quien conoce sus fuerzas y vive continuamente procurando superar sus limites”. El poeta Affonso Romano de Sant´Anna ha dicho de su trabajo: “Su poesía es de la mejor calidad: densa, creativa, funcionando oral o escrituralmente, reinventándose continuamente”. Carlos Nejar ha dicho:”Poemas fuertes, con tono personal -cosa que va escaseando en el mercado. Sabe del oro del silencio y de la plata de la revelación”.

Leo Lobos (Santiago de Chile, 1966) poeta, ensayista, traductor y artista visual.

27.11.06

La escritura por Manuel J. Moreno

La escritura,
una vía regia hacia el Sí-Mismo

por Manuel J. Moreno



"Buscamos inconscientemente los principios y las opiniones teóricas que se adaptan a nuestro temperamento, de modo que al fin parece que sean los principios y las teorías los que hayan creado nuestro carácter. A primera vista, según las apariencias, se considera que nuestro pensamiento y nuestro juicio son la causa de nuestro ser; pero, en realidad, es nuestro ser el que es la causa de que pensemos y juzguemos de tal o cual manera."
Friedrich Nietzsche


La escritura constituye una manifestación conductual de primer orden, consistente en habilidades psicomotrices y neuropsicológicas exclusivamente concernientes al ser humano. Se trata de una auténtica modalidad de lenguaje, basada en reglas y convenciones que es preciso adquirir y aprender a través de los procesos de maduración y desarrollo que la cultura (proceso de humanización) hace posible multiplicando así las herramientas de las que nuestra especie dispone para su propia y singular navegabilidad existencial por el planeta Tierra.


De muy reciente adquisición en la filogénesis de nuestra especie, esta ingeniosa maestría con la que registramos y cristalizamos nuestro pensamiento y conocimientos, permite exportar o proyectar de manera implícita, en un lenguaje evidentemente emocional y simbólico, arcaico, las vigas maestras de nuestra edificación psicológica. La escritura muestra los esquemas fundamentales sobre los que gravita la personalidad del sujeto escribiente, y lo hace de una manera automática, inocente, y en gran medida a expensas de la voluntad y expectativas del Yo y toda su carga de intencionalidad, lo que, en cierta manera la hace equiparable a los procesos oníricos y sus productos, los sueños.


Desde estudios sistemáticos de autores franceses como el Abate Michon (Sistema de Grafología), Crépieux-Jamin (ABC de la Grafología), Alfred Binet (Grafología y Ciencia), de alemanes como Ludwig Klages (Escritura y carácter), de suizos como Max Pulver (El simbolismo de la escritura) la Grafología ha evidenciado al mundo la existencia de una relación significativa entre la psique, sus procesos y la fenomenología grafonómica que es posible atribuir de manera diferencial a cada individuo escribiente. Parafraseando a Jung, la escritura de una persona es característica de la persona.


También el propio Jung, hace alusión a la expresión grafológica de complejos inconscientes en su tesis doctoral, publicada en el año 1902 en Leipzig titulada "Acerca de la psicología y patología de los llamados fenómenos ocultos". Jung considera aquí la escritura automática como un fenómeno de hipnosis parcial.


"...también en la escritura automática vuelve a tratarse de una sugestión primaria que, si se conserva la sensibilidad, se dirige a la consciencia, y si está extinguida la sensibilidad, se dirige a lo inconsciente. Pero no es una sugestión simple pues lleva ya en sí el elemento de lo intelectual: significa . Este contenido específico de la sugestión, que sobrepasa lo meramente motor, causa con frecuencia cierta perplejidad en el sujeto experimental, y esto hace que surjan con facilidad contrasugestiones que ponen obstáculos a la aparición de los automatismos. Sin embargo yo he observado en algunos casos que la sugestión se realiza a pesar de su relativa audacia (se dirige a la consciencia despierta de un llamado sujeto sano), pero lo hace de una manera peculiar, pues únicamente pone en hipnósis la parte motriz del respectivo sistema central, y luego la hipnosis más profunda no se alcanza sino por autosugestión a partir del fenómeno motor, de manera análoga al proceso antes explicado de la rotación de la mesa. Al sujeto experimental, en cuya mano se ha colocado un lápiz, se lo enreda de propósito en una conversación con el fin de distraer su atención del escribir. Pronto comienza la mano a hacer movimientos; primero traza numerosas rayas y líneas en zigzag, o también una simple línea; y a veces ocurre que el lápiz ni siquiera toca el papel, sino que escribe en el aire. Estos movimientos hemos de concebirlos como fenómenos puramente motores, que corresponden a la expresión del elemento motor que hay en la representación . No es un fenómeno muy frecuente, la mayoría de las veces se escribe ya desde el principio letras, y a la combinación de las letras para formar palabras y frases se aplica lo que ya dijimos al tratar de la rotación de la mesa. También se observa acá y allá una verdadera escritura en espejo. En la inmensa mayoría de los casos, y tal vez en todos los experimentos con principiantes no sometidos a una sugestión muy específica, la escritura automática tiene la letra propia del sujeto experimental. Solo de manera secundaria puede a veces cambiar mucho el carácter de la letra, y eso es algo que siempre hemos de considerar como síntoma de que ya se ha producido la síntesis de una personalidad inconsciente"

C. G. Jung - Estudios psiquiátricos - Psicología y patología de los llamados fenómenos ocultos.

La Fundación C.G. Jung necesita la colaboración económica de lectores, patrocinadores e instituciones. Conozca las distintas posibilidades para la realización de Donaciones. La fotografía del amestro Jung fue tomada en una de sus famosas conferencias dictadas en California, Estados Unidos el año 1937.
Sugerimos consultar:
www.fundacion-jung.com.ar

Copyright © 2004-2006, Fundación Carl Gustav Jung. Se reservan todos los derechos.

Un soneto de William Shakespeare - Traduccion Marcelo Pellegrini





SONETO 154



El pequeño dios del amor estaba durmiendo,
y a su lado yacía la antorcha, eterna llama,
Mientras muchas ninfas en castidad vivíendo
A su lado en silencio vinieron, y en su palma
La más hermosa y devota tomó aquel ardor
Que a muchos corazones fieles ha encendido,
Y así el adalid del deseo ardiente de amor
En su sueño por mano de virgen fue destruido.
En fría y cercana fuente ella apagó la antorcha,
Que de fuego del amor tomó calor eterno,
Haciendo del agua baño de cura amorosa,
Pero yo, de mi amada siempre preso y enfermo,
Fui allí por una cura, y así pude probar:
Que agua de amor encendida amor no puede enfriar.

FINIS.

Esta traducción ha sido tomada del libro:
CONSTANCIA Y CLARIDAD - 21 sonetos de William Shakespeare
Selección, traducción y prólogo Marcelo Pellegrini
RIL Editores, Santiago de Chile, 2006.
www.rileditores.com



Marcelo Pellegrini (Valparaiso, 1971)
Poeta, ensayista y traductor. Ha publicado POEMAS (plaquette, 1996), EL ARBOL DONDE ENVEJECE LA MUERTE(1997), OCASION DE LA CENIZA (2003), PARTITURA DE LA ETERNIDAD (plaquette, 2004), y EL SOL ENTRE DOS ISLAS (2005). Actualmente Marcelo Pellegrini vive en Madison, Wisconsin (Estados Unidos), en cuya universidad enseña poesía latinomericana.

Marcelo Pellegrini nos dice: "El título de esta selección es un saludos y homenaje al poeta Gonzalo Rojas, poeta gracias a quién comencé a leer a Paul Celan, quien a su vez, fue la puerta de entrada para mi lectura de los sonetos de Shakespeare".

Le chat qui pêche - El gato que pesca
Revista electrónica co- editada en Santiago de Chile
por los poetas: Francisco Véjar - Leo Lobos
2006

10.11.06

Roberto Matta : El sol para el que sabe congregar por Leo Lobos











ROBERTO MATTA
El sol para el que sabe congregar.


¿Usted pinta sus sueños? Matta responde que no, cierra los ojos, aprieta sus párpados con la yema de sus dedos y dice: “Yo veo destellos”.

Nacido en Chile el 11 del 11 de 1911, se recibió de arquitecto a los 22 años y partió a Europa donde trabajó en el proyecto “ciudad radiante” con el pintor, arquitecto y teórico franco-suizo Le Corbusier (1887-1965). A finales de 1934 visitó España donde conoce, en casa de sus tíos diplomáticos, al poeta chileno Pablo Neruda (1904-1973) y a los poetas españoles Rafael Alberti (1902-1999), y Federico García Lorca ( 1898-1936) , de este último Matta dirá: “Lorca es un río desbordante de energía, nunca había conocido a nadie como él, una rareza del sistema nervioso de la especie”. Federico García Lorca le presentara al pintor Salvador Dalí (1904-1989), quien animó a Matta a mostrar algunos de sus dibujos al poeta francés fundador del movimiento surrealista André Bretón (1896-1966). La relación de Matta con Dalí y Bretón, influenció su formación artística y lo conectó posteriormente con el movimiento surrealista. En el verano de 1936 es invitado a Lisboa por la poeta chilena Gabriela Mistral (1889 -1967), quien le presenta la obra del cubano José Marti (1853-1895) y el programa revolucionario de José Vasconcelo (1882-1959) dedicado a las brigadas culturales en México. Ese mismo año trabajó en Londres con el arquitecto alemán Walter Gropius (1883-1969) y el artista húngaro László Moholy-Nagy (1895-1946) ambos profesores de la Bauhaus, escuela que significó nuevas líneas de pensamiento artístico, técnico y filosófico. Además conoció al escultor británico Henry Moore (1898-1986) y se relacionó con importantes artistas e intelectuales como el pintor belga René Magrite (1898-1967) y el artista, poeta y crítico de arte británico Roland Penrose (1900-1984). En 1937 Matta asistió a la exposición de Guernica de Pablo Picasso (1881-1973) en el Museo del Prado que le impresiona e influencia. Muy pronto conoce a los artistas Marcel Duchamp, Yves Tanguy, Joan Miró, Piet Mondrian, Fernard Léger y Max Ernst.


El verano de 1938 marca la evolución del trabajo de Matta del dibujo a la pintura. Termina sus primeras pinturas en óleo, a los que primero llamó “morfologías sicológicas" y que más tarde denominó "inscape". Luego de participar como miembro del grupo en la Exposición Internacional del Surrealismo en 1938, abandona París al comenzar la segunda guerra mundial, a instancias de Marcel Duchamp (1887-1968), se instala en Nueva York. Matta, a estas alturas comenzaría el trabajo de construcción de su paisaje visionario del subconsciente. En tanto tomaba nuevas fuerzas y aprendía de su mentor el pintor estadounidense de origen francés Yves Tanguy (1900-1950), con pinturas y dibujos que recuerdan a pintores del siglo XV y XVI, Bosch o Bruguel. Entre 1939 y 1945 Matta pinta algunos cuadros extraordinarios, cuando se opera un cambio radical en el arte surrealista: la fusión del erotismo, el humor y la nueva física. Matta introduce una visión no figurativa: sus cuadros no son transcripciones de realidades vistas o soñadas, sino recreaciones de estados anímicos y espirituales . Fue un atrevido viraje que hizo cambiar el rumbo a la pintura surrealista y abrió vistas desconocidas a los jóvenes artistas de los Estados Unidos, entre ellos: Jackson Pollock, Arshile Gorky, Mark Rothko, Willem de Kooning, William Baziotes y Robert Motherwell. Con estos artistas se relaciono en esos años difundiendo su “automatismo rígido o automatismo absoluto” que brindó el impulso decisivo al expresionismo abstracto a mediados del siglo XX. En palabras de Matta: “lo que yo decía era que no hay que partir de una hoja en blanco, porque ahí uno sólo proyecta lo que conoce. Si uno parte de manchas y las lee por el método alucinatorio, automático, podrá ver cosas que vienen del deseo oculto”. Ensuciar el lienzo para que se presente el proceso alucinatorio y “presentir” el cuadro. En un artículo de Kathy Zimmerer acerca de los maestros de la pintura latinoamericana, ella describe crucifixión (Croix Fiction, 73x91.7cm. ) de 1938 como "envolventes formas biofórmicas que se transforman en un flujo que cruza toda la tela. La luminosidad de su paleta, el rojo carmesí, los amarillos, el azul y el negro definen contornos de formas orgánicas, que producen una metamorfosis". Crucifixión es representativa del período no figurativo de Matta, donde el artista desarrolló su gama de colores con los que logra crear espacios y formas enérgicas. Su exposición de 1942 la tierra es un hombre fue saludada por André Bretón como uno de los grandes momentos de la visión surrealista del hombre y del mundo. Bretón se pregunta “¿ la tierra es un hombre qué quiere decir?¿Qué hay ahí adentro?”, años más tarde Jean-Claude Carrière insiste con la pregunta: “¿No sabes tú lo que quiere decir?” Matta responde: “No. Percibo, recibo, manifiesto. Ocurro. Soy una ocurrencia. Eso es todo lo que hago. Manifiesto espacios”. Originalmente ese nombre lleva el homenaje a García Lorca, asesinado en agosto de 1936, 162 escenarios titulados la terre est un hombre. El poeta y diplomático mexicano Octavio Paz (1914-1998), escribe un poema en prosa llamado La casa de la Mirada un sentido homenaje a la labor creativa de Matta, aquí un fragmento: “ La tierra es un hombre, dijiste, pero el hombre no es la tierra, el hombre no es este mundo ni los otros mundos que hay en este mundo y en los otros el hombre es el momento en que a tierra duda de ser tierra y el mundo de ser mundo, el hombre es la boca que empaña el espejo de las semejanzas y las analogías, el animal que sabe decir no y así inventa nuevas semejanzas y dice sí, el equilibrista vendado que baila sobre la cuerda floja de una sonrisa, el espejo universal que refleja otro mundo al repetir a éste, el que transfigura lo que copia, el hombre no es el que es, célula o dios, sino el que está siempre más allá” . En 1946 Marcel Duchamp escribirá: “Su primera contribución a la pintura surrealista, y la más importante, fue el descubrimiento de regiones del espacio, desconocidas hasta entonces en el campo del arte”. Refiriéndose a su pintura el poeta Octavio Paz nos dice: “Ante sus cuadros hay que hablar más bien de explosión interior. Sólo que el mundo interior que revela Matta también es el exterior. Nupcias de la pasión y la cosmogonía de la física moderna y del erotismo”.

Para Roberto Matta el rol del artista es la provocación para que la estética no se ponga estática, la función del artista en la sociedad es denunciar el escándalo, una de sus divisas: “el sol para el que sabe congregar”. Pronto comenzará a alejarse de los pintores norteamericanos, aunque mantiene su fe en la ciencia, y señala que el mundo esta Californicado, criticando el Vampire State , y a los United Snakes of América . Después de la segunda guerra Matta regresa a Europa. En 1947, se aleja del mundo surrealista y a través de una negación introduce en su pintura la figuración, después de haber profetizado el expresionismo abstracto, descubre otro territorio de la imaginación poblado de seres, que evocan tanto personajes de la ciencia ficción como al mismo tiempo figuras de los códices precolombinos de México. Una pintura narrativa, la pintura que cuenta, pintura que es mito, leyenda, historieta, adivinanza. Mucho de su trabajo consistió en tratar temas relacionados con los acontecimientos que ocurrían en lugares como Vietnam, Santo Domingo y Alabama. Su trabajo de los años 60 tuvo un acento político y espiritual. En entrevista publicada en Revista Proa (Enero, febrero de 1999, Buenos Aires, Argentina), Ana Martínez Quijano comenta: “Peggy Guggenheim cuenta en sus memorias que el FBI pretendía que ella lo acusara de ser un espía” Matta contesta: “Sí” y nos dice más: “Me acusaban de cualquier cosa. Un día tome una maleta y nunca más volví. Pero en Estados Unidos tenía muchas cosas, había comprado objetos peruanos y mexicanos, tenía varios De Chirico auténticos y dejé todo a Pierre Matisse mi marchand. Le dije cuando me instale me los envías , pero nunca me mando nada”. Matta es un creador - coleccionista, principalmente de su propia obra que crece día a día. Una colección enriquecida el año 1938 al adquirir una edición de la Caja Verde de Marcel Duchamp, a quien visita regularmente en su estudio para efectuar los pagos, otro ejemplo, el año 1943 adquiere además una obra originalísima del destacado escultor y pintor suizo Alberto Giacometti (1901-1966).

En los siguientes años se realizan variadas exposiciones de la obra de Matta en diversas partes del mundo y el artista participa en innumerables eventos artísticos. En 1985 recibe la medalla de oro de las Bellas Artes en el Museo del Prado en España, en 1991 el Premio Nacional de Arte en Chile, en 1992 el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, en 1995 el Premio Imperial, por la obra de toda una vida en Japón, en 1998 el Premio de honor en el Art Miami, USA. Se realizan retrospectivas de su trabajo en el centro Pompidou en París, en Tokio, Bochum - Alemania, Milán, Buenos Aires, Santiago y en el Museo Reina Sofía en España el año 1999. Una trayectoria de éxito y honor, pero él es ante todo una conciencia lúcida de la historia universal del arte del siglo XX, sabe quedarse sólo y decir no. Lo iluminan los dos soles, una vez más Octavio Paz da en el blanco, el de la plaza y el de la celda, en palabras de Matta: “ese sentimiento del hombre abandonado, casi desesperado, se parece a la condición del artista en sus primeros años, cuando el artista va en busca de un lenguaje”. No cesa de pintar, esculpir, dibujar con computadores, iluminar, discutir, conmover, vive en Londres, se instala en París, viaja a Chile, Argentina y Perú, visita varias veces La Habana, vuelve a México, se instala en Tarquinia, al norte de Roma donde muere a los 92 años. Aquel día 23 de noviembre de 2002 me sorprende en CAMAC el Centro de Arte de Marnay-sur-Seine, Francia, donde los ecos de su muerte no pasaran desapercibidos entre el grupo internacional de artistas que realizan aquí ese año una residencia creativa, la poeta brasileña Cristiane Grando, escribe un poema en su homenaje titulado: no espelho do tempo (en el espejo del tiempo): el arte, las palabras, el aire, el amor / a que más puede un hombre aspirar // alas translúcidas azuladas / sueños que tejen un nuevo tiempo // un vuelo de seres luminosos // la esencia del amor:/ lo que verdaderamente amas / permanecerá dulce y eterno en la memoria.


Notas

1- Podrán leer una versión en portugués de este artículo, traducción de Geruza Zelnys de Almeida en la revista electrónica TRIPLOV publicada en Portugal:

www.triplov.com/poesia/2006/Leo-Lobos.htm

2- Podrán leerle en la edición de la Revista AGULHA editada en Fortaleza y Sao Paulo, Brasil (traducción de la profesora Geruza Zelnys de Almeida):

www.secrel.com.br/jpoesia/ag54matta.htm

3- Podrán leerle en la edición de la revista española El Coloquio de los perros, editada en Cartagena, España:

www.elcoloquiodelosperros.net/vidriera14.htm

4- Podrán leerle también en la revista PRE-NUCLEAR editada en Santiago de Chile, que fue la pimera en publicar este artículo:

www.prenuclear.cl/lobosmatta.htm

5- Podrán leer una nueva publicación de este artículo en portugués en el sitio de un espectacular Centro de Cultura ubicado en el Estado de Ceara en Brasil: Dragón del mar:

http://www.dragaodomar.org.br/index.php?pg=matta



5- Podrán leerle en la revista Mundo Cultural Hispano editada en Honduras:

www.mundoculturalhispano.hondurasbiz.com/spip17/article.php3?id_article=2614

6- Sugerencia para conocer la obra de Roberto Matta y mirar-leer sus pinturas en la más completa de sus galerias virtuales:

www.matta-art.com